miércoles, 14 de diciembre de 2011

Meditemos el Evangelio del día. Jueves de la III semana de Adviento.

JUEVES EUCARÍSTICO
Ven y haz tu visita a Jesús Sacramentado, Él te Espera ¿Cúal es tu respuesta?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
7, 24 - 30 
Cuando se fueron los mensajeros de Juan, Jesús comenzó a hablar de él a la gente, diciendo: «¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida pro el viento? ¿O qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con telas preciosas? Los que visten fastuosamente y viven entre placeres, están en los palacios. Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Sí, y yo les aseguro que es más que profeta. Es aquel de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Yo les digo que no hay nadie más grande que Juan entre todos los que han nacido de una mujer. Y con todo, el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él». Todo el pueblo que lo escuchó, incluso los publicanos aceptaron el designio de justicia de Dios, haciéndose bautizar por el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los escribas no aceptaron ese bautismo y frustraron, en su propio daño, el plan de Dios.
Palabra del Señor.

Oración  
Señor mío, se acerca el nacimiento de tu Hijo. Permítele que nazca en mí, y haz que yo pueda prepararle una morada digna en mi corazón. Llena de alegría mi alma, para hacerla digna de poder acogerlo, y una vez que le reciba, no permitas que me separe de su amor. Señor, llena de alegría nuestros corazones y prepara nuestros hogares para recibir al Niño Jesús.

Reflexión  
Ahora que se acerca el tiempo glorioso en que recibimos al Niño Jesús, también nosotros podemos reflexionar sobre cómo nos preparamos para acogerle.
En medio de todos los preparativos para estas próximas fiestas, podríamos olvidar el sentido esencial de esta fiesta, que no son los adornos ni los obsequios, sino el evento que divide la historia del hombre: el nacimiento del Hijo de Dios.
Juan el Bautista invitó a los hombres de su tiempo a retirarse al desierto. Este mensaje es válido también para nosotros, no en el sentido literal, sino en un sentido espiritual. Nosotros debemos buscar un momento de desierto: de silencio, de desapego de lo material; un momento en el que podamos hablar con Dios Padre y decirle que queremos estar listos para recibir a su Hijo, en la intimidad de nuestro corazón, en el amor de nuestra familia.
 Propósito del día.
Buscaré un momento de este día, para hacer una oración en silencio, en la íntima relación de Dios con mi corazón.

martes, 13 de diciembre de 2011

Meditemos el Evangelio del día. Miércoles de la III semana de Adviento.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 
7,19-23 
Juan envió a sus discípulos a decir al Señor: "¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?". Llegando donde él aquellos hombres, dijeron: "Juan el Bautista nos ha enviado a decirte: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?". En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades y dolencias, y de malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos. Y les respondió: "Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no se halle defraudado en mí!".
Palabra del Señor

Oración
Señor, me pongo en tu presencia, poniendo en tus manos todo lo que pueda interrumpir mi encuentro contigo. Señor, quiero encontrarte, quiero encontrar el verdadero amor: te estoy buscando. ¿Dónde estás, Señor? Tú que curaste a muchos de sus enfermedades, de sus dolencias, de malos espíritus y que diste la vista a muchos ciegos, ayúdame a hacer esta experiencia de tu amor como los apóstoles después de encontrarse contigo. Señor, ayúdame a encontrarte, estoy buscándote. Fortalece mi fe para que en esta Navidad haga la experiencia de tu amor y responda a mi vocación de apóstol.
 
Reflexión
Nosotros solemos hacer muchas preguntas: si va a llover, si mi equipo va a ganar, si a mi jefe le está gustando mi trabajo y muchas otras cosas que pasan en nuestro día. Sin embargo, poco nos preguntamos sobre cosas fundamentales de nuestra existencia. ¿Por qué vivimos? ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? Quizá porque tenemos miedo o porque no damos tiempo para lo que verdaderamente tiene valor. Por eso, ahora que se aproxima el nacimiento del niño Jesús, no tengamos miedo de aprovechar esta oportunidad de hacer esas preguntas, y no solamente eso, hagamos más todavía: reflexionemos y pidamos consejo, para así llegar a un profundo conocimiento de nosotros mismos.
Después de esta experiencia, de este encuentro conmigo mismo, hay que ponerse delante de Dios y decirle: ¡Estoy aquí, Señor! Te encontré. Y ahora, ¿qué puedo hacer yo por Ti? ¿Qué quieres, Señor?
 Propósito del día
Hoy, Señor, procuraré hacer una pausa en mis tareas para encontrarme contigo y colocarme en tu presencia, y, de este modo, cultivar una fuerte amistad contigo.

Fiesta de santa Lucía Virgen y Mártir. Sector #3 de nuestra Parroquia.

Santa Lucía, Virgen y Mártir. Ruega por nosotros.
Martes 13 de diciembre, 2011.
GRACIAS POR SU PARTICIPACIÓN, A SEGUIR PERSEVERANDO SIEMPRE EN LOS CAMINOS DEL SEÑOR HERMANOS Y HERMANAS.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Santo del día. Santa Lucía, Virgen y Mártir.

Santa Lucía
Virgen y Mártir, 304 AD
Fiesta 13 de diciembre
Es muy antigua la devoción a Santa Lucía tanto en el oriente como en el occidente. Su nombre figura en el canon de la misa romana, lo que probablemente se debe al Papa Gregorio Magno. 
De acuerdo con "las actas"  de Santa Lucía, nuestra santa nació en Siracusa, Secilia (Italia), de padres nobles y ricos y fue educada en la fe cristiana.  Perdió a su padre durante la infancia y se consagró a Dios siendo muy joven. Sin embargo, mantuvo en secreto su voto de virginidad, de suerte que su madre, que se llamaba Eutiquia, la exhortó a contraer matrimonio con un joven pagano.  Lucía persuadió a su madre de que fuese a Catania a orar ante la tumba de Santa Agata para obtener la curación de unas hemorragias. Ella misma acompañó a su madre, y Dios escuchó sus oraciones.  Entonces, la santa dijo a su madre que deseaba consagrarse a Dios y repartir su fortuna entre los pobres.  Llena de gratitud por el favor del cielo, Eutiquia le dio permiso. El pretendiente de Lucía se indignó profundamente y delató a la joven como cristiana ante el pro-consul Pascasio. La persecución de Diocleciano estaba entonces en todo su furor.
El juez la presionó cuanto pudo para convencerla a que apostatara de la fe cristiana.  Ella le respondió: "Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor a mi Señor Jesucristo".  
El juez le preguntó: "Y si la sometemos a torturas, ¿será capaz de resistir?".
La jovencita respondió: "Sí, porque los que creemos en Cristo y tratamos de llevar una vida pura tenemos al Espíritu Santo que vive en nosotros y nos da fuerza, inteligencia y valor".
El juez entonces la amenazó con llevarla a una casa de prostitución para someterla a la fuerza a la ignominia.  Ella le respondió: "El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consciente". Santo Tomás de Aquino, el mayor teólogo de la Iglesia, admiraba esta respuesta de Santa Lucía. Corresponde con un profundo principio de moral: No hay pecado si no se consiente al mal.
No pudieron llevar a cabo la sentencia pues Dios impidió que los guardias pudiesen mover a la joven del sitio en que se hallaba. Entonces, los guardias trataron de quemarla en la hoguera, pero también fracasaron. Finalmente, la decapitaron. Pero aún con la garganta cortada, la joven siguió exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes con Dios a los de las criaturas, hasta cuando los compañeros de fe, que estaban a su alrededor, sellaron su conmovedor testimonio con la palabra "amén".
Aunque no se puede verificar la historicidad de las diversas versiones griegas y latinas de las actas de Santa Lucía, está fuera de duda que, desde antiguo, se tributaba culto a la santa de Siracusa. En el siglo VI, se le veneraba ya también en Roma entre las vírgenes y mártires más ilustres. En la Edad Media se invocaba a la santa contra las enfermedades de los ojos, probablemente porque su nombre está relacionado con la luz. Ello dio origen a varias leyendas, como la de que el tirano mandó a los guardias que le sacaran los ojos y ella recobró la vista.
Cuando ya muchos decían que Santa Lucia es pura leyenda, se probó su historicidad con el descubrimiento, en 1894, de la inscripción sepulcral con su nombre en las catacumbas de Siracusa. Su fama puede haber sido motivo para embelezar su historia pero no cabe duda de que la santa vivió en el siglo IV.  
Se le representa llevando en la mano derecha la palma de la victoria, símbolo del martirio y en la izquierda los ojos que le fueron arrancados.
Santa Lucía
Patrona de La Vista
 Ruega por Nosotros.

Meditemos el Evangelio del día. Martes de la III semana de Adviento.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 
21, 28-32 
Pero ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: Hijo, vete hoy a trabajar en la viña. Y él respondió: No quiero, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: Voy, Señor, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» - «El primero» - le dicen. Jesús les dijo: «yo les aseguro que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.
Palabra del Señor.

Oración

Jesucristo, me pongo en tu presencia como el hijo que viene a trabajar en tu viña. Quiero ayudarte, aunque muchas veces te he dejado "plantado" por culpa de mi egoísmo y mi amor propio. Estoy dispuesto a demostrarte lo mucho que te quiero. Quiero cumplir tu voluntad, esa voluntad que a veces es costosa a mi naturaleza humana, pero que al ver los frutos me llena de felicidad y plenitud. ¡Cuánto me ayuda tu ejemplo de amor en el huerto de Getsemaní! Dame fuerzas para nunca negarte nada. Concédeme tenerte como el soporte y motor que me mueva a darme a mi prójimo y a cumplir la voluntad del Padre en mi vida.
Jesús, ayúdame a valorar todas las muestras de amor que me has dado, especialmente la eucaristía, y concédeme la gracia de agradecerte y demostrarte mi amor con obras.
 

Reflexión
El misterio eucarístico es el corazón de la vida cristiana. La Eucaristía es el mayor acto de amor que se haya realizado en la humanidad, ya que es el sacrificio de Cristo por nuestra salvación. Es el cumplimiento de las palabras y promesas que Jesús dijo estando en el mundo. Jesús nos habló del amor “hasta el extremo”, ¡y qué amor tan apasionado me demostró al sacrificarse por mí!
Nosotros somos distintos. Muchas veces nuestro egoísmo hace que no acudamos a la invitación de Cristo de ir a trabajar a su lado. Ahora es el tiempo de decirle: “Sí, Señor, ten la seguridad de que acudiré a tu viña para ayudarte”. Necesitamos ingeniárnoslas para ver cómo podemos hacer feliz a la Persona que nos amó y ama tanto, buscando lo que más le agrada. Y lo que Cristo quiere es nuestro corazón y nuestra vida entera, para que trabajemos junto a Él en la viña de nuestro entorno social, para poder realizarnos dándonos a nosotros mismos y ayudar a los demás; dando testimonio de su amor.
Propósito del día
Le demostraré mi amor y gratitud a Jesucristo dando una ayuda considerable a cualquier persona necesitada.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Meditemos el Evangelio del día. Lunes, Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 
1, 39-48
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces, Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor. Entonces dijo María: Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.
Palabra del Señor

Oración

Señor Jesús, Tú sabes que llevo mucho tiempo buscándote; aquí estoy. Creo en Ti. Creo que estás realmente presente en la Eucaristía. Creo que estás presente en mi prójimo. «María, háblanos de Jesús, para que el frescor de nuestra fe brille en nuestros ojos y caliente el corazón de aquellos con quienes nos encontremos, como tú hiciste al visitar a Isabel que en su vejez se alegró contigo por el don de la vida».

Reflexión
 
Es una realidad que todo ser humano busca la felicidad. Pero, si todos queremos ser felices, ¿por qué hay tantos problemas?, ¿por qué existen tantos males como las guerras, las injusticias y los odios? La respuesta es muy sencilla: porque no todos sabemos en qué consiste la felicidad. María nos enseña que la clave de la felicidad está en dos cosas: amar y ser amado.

Estas realidades no van contrapuestas, sino que están tan unidas como nuestra alma a nuestro cuerpo. María nos muestra el por qué. Ella ha experimentado el amor de Dios a tal grado que se ha convertido en el pilar que sostiene su vida. Sabe que pase lo que pase Dios no dejará de amarla. Con su actitud, nos invita a estar conscientes de que todo en nuestra vida es pasajero, excepto el amor de Dios. Podemos perder todo: casa, trabajo, familia... pero nunca perderemos el amor de Dios.

Es precisamente esto lo que lleva a María a la segunda parte de la felicidad: amar. Cuando un cristiano experimenta el amor de Dios, surge en su interior un sincero deseo de corresponder. María lo demuestra cuando, con alegría y sencillez, va en busca de su prima Isabel, para llevarle a Jesús.

Éste es el reto de los cristianos: amar y ser amados. La segunda parte ya la tenemos: Dios nunca dejará de amarnos. ¿Estamos dispuestos a vivir la primera?

La Iglesia en México, en América, en el mundo entero, celebra la Virgen de Guadalupe, y tendrá siempre presente un cerro en el que la Virgen nos alentó con su cariño: "¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?" Son palabras que nos unen directamente al Calvario, cuando Cristo, el crucificado, le dijo a María: "He ahí a tu hijo". Son palabras que nos alivian en las mil aventuras de la vida, en los peligros, en las pruebas, en los fracasos.

María nos espera a todos, como a hijos. Cojutepeque estará muy cerca de Dios si sabe conservar, en la fe de cada cojutepecano, su amor a la Virgen, Nuestra Señora de Guadalupe. Cuando rompamos las fronteras de la muerte y encontremos al Dios de la justicia y del perdón, sentiremos en lo más profundo del corazón el cariño de María de Guadalupe. Un amor fiel, un amor fresco, un amor de Madre, en el tiempo y en la eternidad.

Propósito del día
El día de hoy voy a rezar un misterio del rosario, agradeciendo a María la ayuda silenciosa que me ha dado durante toda mi vida, encomendando a mis familiares y seres queridos.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Meditemos el Evangelio del día. III Domingo de Adviento (Gaudete).

Lectura del santo Evangelio según san Juan
1, 6-8; 19-28 
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz. Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: ¿Quién eres tú?. Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: Yo no soy el Mesías. De nuevo le preguntaron: ¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?. Él les respondió: No soy. ¿Eres el profeta?. Respondió: No. Le dijeron: Entonces, dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?. Juan les contestó: Yo soy la voz que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor, como anunció el profeta Isaías". Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: Entonces, ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías ni el profeta?. Juan les respondió: Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias. Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.

Oración 
Jesús mío, gracias porque, en medio del ajetreo de todos los días, me permitas unirme a Ti, a través de un momento de oración. Señor, derrama sobre mi corazón la fuerza necesaria para ser, a ejemplo de San Juan Bautista, un testigo de tu luz.

Reflexión
San Juan Bautista es el primer "testigo" de Jesús, que, con su vida, nos muestra que no debemos tener miedo a hablar de Dios en medio de la vida cotidiana.

Todos los cristianos estamos llamados a ser otro "San Juan". Para lograrlo, debemos vencer el respeto humano, esa enfermedad del alma por la cual tenemos cierta vergüenza de hablar de Dios frente a los demás, o de ser coherente a pesar de lo que piensen o digan de nosotros.

La Sagrada Escritura nos invita a «Preparad los caminos del Señor». Es decir, a imitar a San Juan, venciendo todo respeto humano, e invitando a nuestros familiares y amigos a prepararse para la Navidad; pero, al mismo tiempo, siendo los primeros en hacerlo.

"Prepararse". ¡Esta es la tarea a partir de hoy! Prepararse venciendo el egoísmo, perdonando a quien no hemos perdonado, siendo generosos, buscando un momento durante el día para hacer oración, viviendo alegremente a pesar de las dificultades, dando una sonrisa a quien se acerca inoportunamente a nosotros, acercándonos a la Iglesia, luchando por ser más humildes... ¡Que no nos encuentre la Navidad sin estar preparados!
Propósito del día
Me acercaré al Sacramento de la Reconciliación el día de hoy o, si no me es posible, durante la semana, para ir "preparando los caminos del Señor" en mi propia alma.